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El 2026 no viene a decirnos qué va a pasar, nos viene a preguntar cómo queremos estar.

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Ene 07,2026
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Hoy me desperté con una entrada de Substack en el correo y me tomé el tiempo de leerla entera. Es de Luna Rey Cano, a quien descubrí hace poco y cuyo trabajo me atrapa porque dialoga con hilos que también atraviesan mi práctica y mi investigación. Además, estoy leyendo a Ursula K. Le Guin (a quien ella cita) y esto me motivó a escribir estas palabras. 

Aunque recomiendo leer la entrega completa, el texto cuestiona la promesa tecnoutópica de la colonización de Marte, encarnada en figuras como Elon Musk, como síntoma de una crisis más profunda: la privatización del futuro y de la imaginación política. Plantea que la llamada “humanidad interplanetaria” no es un horizonte colectivo, sino un proyecto elitista que convierte los imaginarios de la ciencia ficción en negocio, legitimando la huida del planeta en lugar de afrontar las crisis sociales, políticas y ecológicas de la Tierra. Así, el espacio exterior (el espacio literal) deja de ser misterio o límite y se transforma en un nuevo territorio extractivo, sostenido por recursos del Sur Global y sin una verdadera gobernanza ética.

Frente a ello, el texto propone recuperar la imaginación – y como dice Ursula – es una facultad humana y política para pensar otros futuros posibles: no basados en la fuga, la conquista o la tecnosalvación, sino en aprender a habitar la Tierra con responsabilidad, contemplación, humildad y sentido comunitario, reconociendo el cielo no como algo a dominar, sino como una otredad que nos ubica y nos recuerda nuestra pertenencia al mundo.

Durante el 2026 vamos a tener grandes movimientos arriesgados y salvajes.

Saturno y Neptuno inician un nuevo ciclo en Aries, señalando una tensión profunda entre la impulsividad sin conciencia. En un mundo saturado de promesas tecnológicas, inteligencias artificiales que “lo resuelven todo” y futuros automatizados, este tránsito advierte sobre el riesgo de actuar sin ética, romantizar el riesgo, utilizar la huída hacia la acción; accionamos para no sentir, no esperar, no sostener. Como dice el texto de Luna: “A la ciencia ficción capitalista le sirve imaginar una humanidad sin mundo…”

La versión más integrada de Aries son Saturno y Neptuno, no será quién corre más rápido, sino la que se anima a iniciar con responsabilidad y profunda escucha. 

Por otro lado, Urano en Géminis refuerza este clima: la aceleración mental, información fragmentada, lenguajes en mutación constante. Nunca supimos tanto y, paradójicamente, nunca fue tan difícil pensar con profundidad. Luna dice: “Si lo único que logramos imaginar son escenarios colapsistas y violentos, que culminan con humanos escapando a otro planeta, terminamos entendiendo la vida como una batalla permanente”. 

Por eso, la pregunta se vuelve inevitable: ¿qué tipo de vínculo estamos construyendo con el conocimiento, con la tecnología y con nuestra capacidad de imaginar?

Con el cambio de nodos (nodo norte en Acuario y nodo sur en Leo) se vuelve especialmente propicio revisar la tensión entre la responsabilidad individual y la colectiva. También recordar, y hacer cuerpo, que nuestra facultad humana de crear e imaginar no es un acto de evasión, sino una necesidad vital en los tiempos actuales. 

En este sentido, el avance tecnológico muestra cada vez con más claridad el deterioro de esa capacidad en nosotros: la imaginación externalizada, automatizada, delegada. Tal vez necesites volver a lo analógico, a la naturaleza, a lo simple – o a lo que cada quien necesite- , pero no como nostalgia, sino como resistencia. Es una lucha silenciosa, y es una lucha colectiva, en la que todos estamos llamados a participar.

¿Podemos ir más allá de futuros basados en la huida, la violencia o el colapso?.  

En lo personal, el desafío cotidiano es no quedar atrapada en la sensación de que ya nada tiene sentido, de que todo colapsa. Imaginar escenarios donde el centro sea el cuidado, la presencia y el cuerpo  – Aries –  respondiendo ágilmente al aquí y ahora, a lo que verdaderamente está ocurriendo. Pero también, pasar de la imaginación a lo práctico: 

Rumbos hacia horizontes distintos

  1. Dejar de buscar seguridad en certezas externas
    Atreverse a vivir en la incertidumbre y la complejidad, aceptando que el futuro es imprevisible y que la vida es un constante devenir.
  2. Descolonizar la mente
    Cuestionar las creencias, valores y paradigmas heredados del capitalismo, el colonialismo y el patriarcado; desaprender para reaprender desde otras cosmovisiones y formas de conocimiento.
  3. Recuperar la corporalidad como fuente de sabiduría
    Practicar la escucha profunda del cuerpo, conectar con las sensaciones, emociones y ritmos naturales, y entender al cuerpo como un territorio político y espiritual.
  4. Desprenderse del individualismo
    Reconocer que la transformación personal está ligada a la transformación colectiva, y que el “yo” se construye en red y en relación.
  5. Actuar desde la vulnerabilidad y la humildad
    Cuestionar la idea del control total, permitiendo mostrarse con todas las imperfecciones, errores y dudas, como un acto de valentía.
  6. Adoptar el cuidado como práctica revolucionaria
    Poner el cuidado propio y ajeno en el centro de la vida cotidiana, como resistencia activa al modelo de competencia y explotación.
  7. Resistir la lógica del consumo y la hiperaceleración
    volver a la vida lenta y “aburrida”, la simplicidad voluntaria y el desapego de bienes materiales y estímulos constantes.
  8. Ser guardián o guardiana de la imaginación
    Crear o sumarse a espacios colectivos donde imaginar futuros diferentes –  que no reproduzcan el colapso, la huida ni la destrucción. No hacerlo solos, sino en comunidad. 
  9. Practicar la solidaridad radical
    Extender la empatía y la acción solidaria más allá de los círculos cercanos, vinculándose con luchas y causas que desafían estructuras de poder.
  10. Escucha y presencia: Aprender a detenernos, observar, sentir el entorno y a las personas. No como una pausa pasiva, sino como un acto político y ético que abre espacio para otras posibilidades.

Tal vez el futuro no sea un lugar al que llegar, sino una forma de estar: con el cuerpo presente, la imaginación despierta y la tierra todavía bajo los pies.

¡Gracias por llegar hasta aquí y feliz año salvaje y lento!

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